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POEMAS SOBRE EL VINO

SONETO DEL VINO

Jorge Luis Borges

¿En qué reino, en qué siglo, bajo qué silenciosa
conjunción de los astros, en qué secreto día
que el mármol no ha salvado, surgió la valerosa
y singular idea de inventar la alegría?

Con otoños de oro la inventaron. El vino
fluye rojo a lo largo de las generaciones
como el río del tiempo y en el arduo camino
nos prodiga su música, su fuego y sus leones.

En la noche del júbilo o en la jornada adversa
exalta la alegría o mitiga el espanto
y el ditirambo nuevo que este día le canto

otrora lo cantaron el árabe y el persa.
Vino, enséñame el arte de ver mi propia historia
como si ésta ya fuera ceniza en la memoria.


COPLAS DEL VINO

Nicanor Parra

Nervioso, pero sin duelo
a toda la concurrencia
por la mala voz suplico
perdón y condescendencia.

Con mi cara de ataúd
y mis mariposas viejas
yo también me hago presente
en esta solemne fiesta.

¿Hay algo, pregunto yo
más noble que una botella
de vino bien conversado
entre dos almas gemelas?

El vino tiene un poder
que admira y que desconcierta
transmuta la nieve en fuego
y al fuego lo vuelve piedra.

El vino es todo, es el mar
las botas de veinte leguas
la alfombra mágica, el sol
el loro de siete lenguas.

Algunos toman por sed
otros por olvidar deudas
y yo por ver lagartijas
y sapos en las estrellas.

El hombre que no se bebe
su copa sanguinolenta
no puede ser, creo yo
cristiano de buena cepa.

El vino puede tomarse
en lata, cristal o greda
pero es mejor en copihue
en fucsia o en azucena.

El pobre toma su trago
para compensar las deudas
que no se pueden pagar
con lágrimas ni con huelgas.

Si me dieran a elegir
entre diamantes y perlas
yo elegiría un racimo
de uvas blancas y negras.

El ciego con una copa
ve chispas y ve centellas
y el cojo de nacimiento
se pone a bailar la cueca.

El vino cuando se bebe
con inspiración sincera
sólo puede compararse
al beso de una doncella.

Por todo lo cual levanto
mi copa al sol de la noche
y bebo el vino sagrado
que hermana los corazones.


ODA AL VINO

Pablo Neruda

Vino color de día,
vino color de noche,
vino con pies de púrpura
o sangre de topacio,
vino,
estrellado hijo
de la tierra,
vino, liso
como una espada de oro,
suave
como un desordenado terciopelo,
vino encaracolado
y suspendido,
amoroso,
marino,
nunca has cabido en una copa,
en un canto, en un hombre,
coral, gregario eres,
y cuando menos, mutuo.
A veces
te nutres de recuerdos
mortales,
en tu ola
vamos de tumba en tumba,
picapedrero de sepulcro helado,
y lloramos
lágrimas transitorias,
pero
tu hermoso
traje de primavera
es diferente,
el corazón sube a las ramas,
el viento mueve el día,
nada queda
dentro de tu alma inmóvil.
El vino
mueve la primavera,
crece como una planta la alegría,
caen muros,
peñascos,
se cierran los abismos,
nace el canto.
Oh tú, jarra de vino, en el desierto
con la sabrosa que amo,
dijo el viejo poeta.
Que el cántaro de vino
al beso del amor sume su beso.

Amor mio, de pronto
tu cadera
es la curva colmada
de la copa,
tu pecho es el racimo,
la luz del alcohol tu cabellera,
las uvas tus pezones,
tu ombligo sello puro
estampado en tu vientre de vasija,
y tu amor la cascada
de vino inextinguible,
la claridad que cae en mis sentidos,
el esplendor terrestre de la vida.

Pero no sólo amor,
beso quemante
o corazón quemado
eres, vino de vida,
sino
amistad de los seres, transparencia,
coro de disciplina,
abundancia de flores.
Amo sobre una mesa,
cuando se habla,
la luz de una botella
de inteligente vino.
Que lo beban,
que recuerden en cada
gota de oro
o copa de topacio
o cuchara de púrpura
que trabajó el otoño
hasta llenar de vino las vasijas
y aprenda el hombre oscuro,
en el ceremonial de su negocio,
a recordar la tierra y sus deberes,
a propagar el cántico del fruto.


EL VINO Y LA POESÍA

Beatríz Mazliah

Me basta
con el vino dorado y viejo
una manta con olor a invierno
diecisiete almendras nuevas
y tus manos…


CANCIÓN DE CUNA PARA EL VINO

Cuchi Leguizamón

Arrorró mi vino
lámpara de amor,
que tu sueño crezca
cantando en mi voz.
Duérmete contento
que están por llegar
las penas del hombre
que tu harás cantar.
Arrorró viajero
de la eternidad,
duérmete dorando
nuestra soledad.
Arrorró cogollo
del amanecer,
la tibia esperanza
de hoy, mañana, ayer.
Duérmete en mis brazos
duende del amor
que la vida entona
tu dulce arrorró.
Arrorró mi sangre
mi gajo, mi sol,
si se duerme el sueño
cantaremos los dos.

¡OUH MIÑA PARRA DE ALBARIÑAS UVAS

Rosalía de Castro
(Follas Novas)

¡Ouh miña parra de albariñas uvas,
que a túa sombra me das!
¡Ouh ti, sabugo de froriñas brancas,
que curas todo mal!
¡Ouh ti, en fin, miña horta tan querida
e meus verdes nabals!
¡Xa non vos deixo, que as angustias negras
lonxe de min se irán!
O vran chega crubíndovos de fruto,
todos son ricos xa,
os paxarmos tén gran nas campías,
abrigo na follax.
As noites son tranquilas e serenas,
craro e sempre o luar,
por antre as tellas entran os seus raios
i hastra o meu leito van,
i así durmo alumado pola lámpara
que ós probes lle luz dá:
lámpara hermosa, eternamente hermosa,
consolo dos mortals.


ESTATUTO DEL VINO

Pablo Neruda

Cuando a regiones, cuando a sacrificios
manchas moradas como lluvias caen,
el vino abre las puertas con asombro,
y en el refugio de los meses vuela
su cuerpo de empapadas alas rojas.

Sus pies tocan los muros y las tejas
con humedad de lenguas anegadas,
y sobre el filo del día desnudo
sus abejas en gotas van cayendo.

Yo sé que el vino no huye dando gritos
a la llegada del invierno,
ni se esconde en iglesias tenebrosas
a buscar fuego en trapos derrumbados,
sino que vuela sobre la estación,
sobre el invierno que ha llegado ahora
con un puñal entre las cejas duras.

Yo veo vagos sueños,
yo reconozco lejos,
y miro frente a mí, detrás de los cristales,
reuniones de ropas desdichadas.

A ellas la bala del vino no llega,
su amapola eficaz, su rayo rojo,
mueren ahogados en tristes tejidos,
y se derrama por canales solos,
por calles húmedas, por ríos sin nombre,
el vino amargamente sumergido,
el vino ciego y subterráneo y solo.

Yo estoy de pie en su espuma y sus raíces,
yo lloro en su follaje y en sus muertos,
acompañado de sastres caídos
en medio del invierno deshonrado,
yo subo escalas de humedad y sangre
tanteando las paredes,
y en la congoja del tiempo que llega
sobre una piedra me arrodillo y lloro.

Y hacia túneles acres me encamino
vestido de metales transitorios,
hacia bodegas solas, hacia sueños,
hacia betunes verdes que palpitan,
hacia herrerías desinteresadas,
hacia sabores de lodo y garganta,
hacia imperecederas mariposas.

Entonces surgen los hombres del vino
vestidos de morados cinturones,
y sombreros de abejas derrotadas,
y traen copas llenas de ojos muertos,
y terribles espadas de salmuera,
y con roncas bocinas se saludan
cantando cantos de intención nupcial.

Me gusta el canto ronco de los hombres del vino,
y el ruido de mojadas monedas en la mesa,
y el olor de zapatos y de uvas
y de vómitos verdes:
me gusta el canto ciego de los hombres,
y ese sonido de sal que golpea
las paredes del alba moribunda.

Hablo de cosas que existen, Dios me libre
de inventar cosas cuando estoy cantando!
Hablo de la saliva derramada en los muros,
hablo de lentas medias de ramera,
hablo del coro de los hombres del vino
golpeando el ataúd con un hueso de pájaro.

Estoy en medio de ese canto, en medio
del invierno que rueda por las calles,
estoy en medio de los bebedores,
con los ojos abiertos hacia olvidados sitios,
o recordando en delirante luto,
o durmiendo en cenizas derribado.

Recordando noches, navíos, sementeras,
amigos fallecidos, circunstancias,
amargos hospitales y niñas entreabiertas:
recordando un golpe de ola en cierta roca
con un adorno de harina y espuma,
y la vida que hace uno en ciertos países,
en ciertas costas solas,
un sonido de estrellas en las palmeras,
un golpe del corazón en los vidrios,
un tren que cruza oscuro de ruedas malditas
y muchas cosas tristes de esta especie.

A la humedad del vino, en las mañanas,
en las paredes a menudo mordidas por los días de invierno
que caen en bodegas sin duda solitarias,
a esa virtud del vino llegan luchas,
y cansados metales y sordas dentaduras,
y hay un tumulto de objeciones rotas,
hay un furioso llanto de botellas,
y un crimen, como un látigo caído.

El vino clava sus espinas negras,
y sus erizos lúgubres pasea,
entre puñales, entre medianoches,
entre roncas gargantas arrastradas,
entre cigarros y torcidos pelos,
y como ola de mar su voz aumenta
aullando llanto y manos de cadáver.

Y entonces corre el vino perseguido
y sus tenaces odres se destrozan
contra las herraduras, y va el vino en silencio,
y sus toneles, en heridos buques en donde el aire muerde
rostros, tripulaciones de silencio,
y el vino huye por las carreteras,
por las iglesias, entre los carbones,
y se caen sus plumas de amaranto,
y se disfraza de azufre su boca,
y el vino ardiendo entre calles usadas
buscando pozos, túneles, hormigas,
bocas de tristes muertos,
por donde ir al azul de la tierra
en donde se confunden la lluvia y los ausentes.


VINO TINTO

Estopa

Hay pistolas que descargadas se me disparan
Todos los relojes me separan
Y no me encuentro ya ni en la cama

Amapolas son los suspiros de tus escamas
Que son los tiros que dan al alma
Si quieres verme estoy en las ramas

Fíjate un objetivo distinto,
que soy como un vino tinto
Que si me tomas en frío engaño,
y con los años me hago más listo
Cariño
Tómame calentito a tu ritmo,
que soy como un vino añejo
Hace ya tiempo me ando buscando,
Y no me encuentro ni en el espejo

Porque hoy hay olas
En este mar que tú ves en calma
Tú eres el pez que muerde mi cola
Yo soy un pájaro y tú las ramas

Si estamos a solas, tartatartamudeo y no son trolas
Yo nunca miento por la mañana,
ándate al loro a última hora
Yo no soy malo, aunque me esconda entre la maleza
A veces voy un poco del palo, tú eres mi puzzle,
Y yo soy un pieza

Pero tu cuerpo es un escándalo
Hay un demonio que siempre me dice pruébalo
Y un angelito que me dice quieto y reza
¿A quién le hago caso de los dos?

Fíjate un objetivo distinto, que soy como un vino tinto
Que si me tomas en frío engaño,
y con los años me hago más listo
cariño
Tómame calentito a tu ritmo,
que soy como un vino añejo
Hace ya tiempo me ando buscando,
Y no me encuentro ni en el espejo

Recapacita, no vayamos a perder la cabeza
Porque ésta es nuestra primera cita
Y yo ya llevo unas diez cervezas
No sé si me incitas o me incito yo por naturaleza
Niña lo que se da, no se quita
Y lo que te quitas, ahí se queda morena

Fíjate un objetivo distinto, que soy como un vino tinto
Que si me tomas en frío engaño,
y con los años me hago más listo
Cariño
Tómame calentito a tu ritmo,
que soy como un vino añejo
Hace ya tiempo me ando buscando,
Y no me encuentro ni en el espejo


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